viernes, 4 de diciembre de 2009

I love Derecho

No malinterpreten el título del post, es más una expresión con un aire de ironía y decepción, que una verdadera declaración de amor eterno a mi facultad, donde llevo ya dos años siendo testigo de nada que debería sorprenderme, pero que aún así sigue frustrándome, pero para muestra mi acontecimiento favorito de cada año: las elecciones de mesa directiva de la facultad de derecho.

Este hecho es algo así como una mini representación de las elecciones en el país, a diferencia de que en éstas las planillas (también mini partidos que no difieren en nada a su papá nacional) sí recogen toda su basura después del día de campaña, pero en todo lo demás es exactamente lo mismo. Este año las planillas contendientes fueron la planilla morada y la planilla verde, ambas compuestas por varios “grupos culturales” pues sí consumir alcohol y la grilla se consideran actividades cultures entonces cumplen con el cometido que les da nombre. No habría nada importante que señalar en esta elección pues parecía que iba a ser como cada año, lo memorable fue, en principio la gran sorpresa de que por primera vez en mi estancia en la universidad decidí votar por alguna de las opciones planteadas para asumir el cargo de mesa directiva, la razón fue que uno de los candidatos a copresidente por la planilla morada era un compañero que conozco desde el primer semestre y a quien aprecio bastante por lo que consideré que era digo de mi voto.

Las elecciones se llevaron a cabo, hasta Janneth que aborrece más que yo toda esta “práctica de la democracia” decidió también votar y la razón era la misma que la mía. Tratamos de hacer a un lado las ridículas prácticas de cada año que van desde “te invito una pizza”, hasta el hostigamiento para que votes por determinada planilla y demás tristes hechos que ya son tan comunes aquí. Los resultados se sabrían más o menos a la media noche, por lo que es hasta el día siguiente cuando toda la facultad conoce quien es la planilla ganadora. Ahí es donde aparece el segundo acontecimiento digno de narrar en mi modesto blog, pues cuando me contaron lo que pasó la noche anterior, cuando dieron los resultados fue digno de la expresión “me fui de chichis”; siempre supe de todo lo ridículo que es este jueguito de las elecciones en la escuela, basta mencionar que TODOS los grupos culturales son apoyados por el PRI y que al final es sólo una competencia entre diputados para ver cual de sus ahijados puede manejar la facultad junto con su alumnado borreguero y servil ( a mención de sus escasas excepciones), pero nunca se había hecho tan obvio el hecho de que se pasen por el arco del triunfo la voluntad de los alumnos, poniendo o quitando quien quieran y es que al final ganó la planilla morada con una diferencia bastante notoria cosa que era de esperarse, lo que nadie se esperaba (o al menos eso quiero creer) es que removieron del cargo a mi compañero, así sin mas se dijo que o lo quitaban de la mesa directiva o ganaba la verde, y así se hizo Christopher no es copresidente de la mesa directiva de la facultad de derecho de la Universidad Veracruzana, cuando todos sabemos que si la planilla ganó fue por que la mayoría votó por él. ¡Que viva la democracia!

Cuando terminaron de contarme todo, yo casi me levanto en armas y quemo la escuela, lo único que me quedó fue preguntar ¿no vamos a hacer nada? ¿nadie va a reclamar? La respuesta fue NO, pues no convenía decir nada ya que le habían reconocido el triunfo a la planilla y el padrino de mi compañero le dijo que se conformara, que no hicieran nada. Quiero pensar que Christopher no sabía nada, y que no se prestó a proponerse como candidato a un cargo que de antemano sabía que no iba a ocupar.

Puede que todo lo narrado parezca un hecho insignificante para muchos, además que no debería sorprenderme, pero me preocupa bastante, pues si eso ocurre en una escuela donde se debería fomentar la justicia, rectitud y el respeto a la legalidad, ¿cómo podremos cambiar la terrible situación en la que está estancado el país desde hace ya tanto tiempo? Al final todo esto sólo termina por confirmar mi teoría de que mi facultad es una representación a escala de la realidad de mi triste México.